domingo, 15 de febrero de 2015

IDEAS SOBRE LA REORGANIZACIÓN DE LAS UNIVERSIDADES ESPAÑOLAS.

© 2015 Federico Talens Alesson 

Preámbulo.

Existe una tendencia a mirar hacia atrás a una época en que las universidades eran centros de democratización en España.

Esto aparentemente ha creado la impresión de que lo siguen siendo, y no simplemente establecimientos burocráticos cuyo personal no difiere de otros colectivos en sus actitudes éticas y políticas. Como en otro documento, refiero otra vez al lector a la web de Corruptio, la Plataforma contra la Corrupción en la Universidad Pública (www.corruptio.com)

En este sentido, y después de treinta años de autonomía universitaria, es el momento de plantearse si dicho modelo es válido. Si consideramos los escándalos por plagio, la endogamia, los procesos por diversas actividades fraudulentas (venta de titulaciones a través de campus extendidos en el extranjero), la respuesta parece ser que no.

Si rechazamos una visión romántica de la Universidad y aceptamos que toda actividad debe estar auditada y se debe esperar responsabilidad de quien está a cargo, parece lógico planear que la autoridad se debe establecer desde arriba.

Borrador de Propuesta.

Desmantelamiento de la burocracia de las Universidades. Las funciones de rectorado y recursos humanos deben transferirse a una Oficina Rectora dependiente directamente del Comisionado de Universidades de la CCAA. En todo caso, pueden existir oficinas rectorales provinciales para hacerse cargo de los distintos centros en una división más pequeña que una comunidad autónoma.

La razón de esta propuesta, aparte de empezar a suprimir el exceso de burocracia de las universidades es que el modelo renacentista-ilustrado de universidad de docencia e investigación es obsoleto. La demanda actual de formación superior requiere gente con un perfil docente marcadamente extrovertido y empático, que es radicalmente diferente del perfil introvertido e introspectivo deseable en un investigador. Las Universidades deben pasar a ser organizaciones esencialmente docentes, y por tanto algunas de las razones para la superestructura administrativa (proyección exterior, relación universidad-empresa) deben pasar a ser superfluas.

La Unidad académica independiente básica sera la Facultad, Escuela Superior o Academia (ciencia, tecnología o humanidades).

El decano de la facultad será un gestor asignado por la Oficina Rectora, contratado como una profesional de alto nivel con capacidad gerencial mediante una oferta de trabajo y un proceso de selección profesional convencional. Responderá a la Oficina Rectora. Será su responsabilidad supervisar el cumplimiento docente, las asignaciones de los docentes a las distintas asignaturas, la organización de horarios de teoría y practica etc. Sus decisiones se basaran en criterios de equidad y eficiencia.

En mi experiencia, los procesos administrativos para gestión de quejas son ineficientes porque permiten jugar un juego de agotamiento con el afectado. Toda queja debería hacerse directamente a la Oficina Rectora, tanto si el decano esta implicado como si no. Si esta implicado porque es una perdida de tiempo hacerle una alegación a él contra alguien a quien encubre o protege (incluido el mismo) y, si no esta al tanto, porque en realidad se puede considerar que no es asunto suyo investigar alegaciones de conducta irregular sino que, caso de enterarse por su cuenta, debiera en cualquier caso notificarlo directamente al rectorado como su forma normal de actuación.

El profesorado de la Facultad tendría una orientación docente, vinculada a su experiencia en investigación, industria, artes liberales o profesional relevante. Aunque se permitiría como ejercicio intelectual realizar alguna investigación, no se primaria ni se consideraría criterio mayor de evaluación.

El profesorado basaría su docencia en materiales docentes normalizados, basados en un currículo nacional para el estudio impartido en esa facultad. Esto no implicaría que ellos no pudieran adaptar su contenido, sino que seria una manera de proveerles de actualizaciones del material docente sin requerir un esfuerzo redundante por parte de cada docente del país a la hora de actualizar el temario de sus asignaturas.

Existe una cierta idea de que el personal de administración y servicios y los estudiantes deberían estar implicados en la gestión de las universidades. Es difícil imaginar que podría aportar gente no cualificada (especialmente si se deroga la autonomía universitaria) al buen gobierno de las universidades.


Esto no obstante, es evidente que los estudiantes deberían t6ener sistemas eficaces de reclamación contra prácticas como absentismo de sus docentes (la típica historia de catedrático mandando en su lugar a un becario a dar sus clases)

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